Barbara Joan Schaffer

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BARRA DE COLOTEPC

1. El Domino

2. Clase de Baile

 

Barbara Joan Schaffer

EL DOMINÓ

La puerta del coche se abrió bajo el alero de la palapa, y asi protegida de la lluvia incipiente, Francine saludó a la mujer grande y al hombre demacrado que jugaban al dominó.

--Pues, ¿juegas con otras personas? --pregunta aYolanda, la proprietaria del bar.

--No, sólo cuando no estás aquí.

--O, entonces estabas calentándote.

Filiberto deja la silla y las dos mujeres empiezan a jugar. Los movimientos son rápidos pero no descuidados. Tienen la misma estrategia: confundir al rival por fingir revelar sus fichas, hacer todo lo posible para que el otro saque fichas, confiar en la suerte, contar. No llevan la cuenta de los puntos del perdedor, pero sí cuentan los partidos. Cada uno juega por lo bueno que se siente cuando gana. Cada uno pierde con gracia, después de felicitar a la otra por la habilidad y la suerte.

Francine pide una tequila, después cambia la idea y pide un mezcal. “Es más orgánico, más auténtico a la región,” explica. Yolanda quiere uno también. Ella sólo toma tequila y mezcal. Luego Francine toma una cerveza y Yolanda otro mezcal. La cerveza, la tequila, el mezcal, el ron, la Coca y la Coca lite son todo el inventario del bar. Armando tomaba Cubas y las tomaba Francine también hasta el día cuando se fue del pueblo debiéndole más de mil dólares. Armando fue el hombre quien le enseñó defenderse en el dominó.

El dominó, como el póquer, es un juego de los hombres y de las mujeres que les gusta jugar con los hombres. Armando y Yolanda habían jugado juntos por años, haciéndose expertos en los movimientos del otro.

Francine toma a medida la rueda de la fortuna. Esta semana ha estado en la ascendencia: un amante está por volver; tiene nuevas traducciones; ahora está ganando en el dominó. La cuenta es 9 a 5 a su favor.

Los clientes han llegado. Yolanda le dice a Filiberto que ocupe su lugar, y ella va al tablado al fondo de la palapa.

Filiberto da la impresión de haber caído de una rama del arból societal un poco más alta que las otras almas perdidas que vagan por el séquito de Yolanda. Cincuentón, viviendo de cerveza, soñando de cocaína, es un vividor implacable. Se dice que tiene un terreno que vale mucho cerca de la playa pero que no está dispuesto a venderlo. Tal vez espera el día cuando sea demasiado viejo para mendigar. Francine le ofrece un cigarrillo; él indica orgullosamente a la caja en el bolsillo de su camisa. Cinco minutos más tarde se lo pide.

--Tienes cigarrillos, --dice ella.

--Sí, pero son baratos; los tuyos son mejores.

Juegan un partido. Gana Filiberto. Niega jugar otro. --Soy profesional; cómprame una cerveza, --le dice.

Ella pone una moneda en la mesa. --Bien. Aquí están diez pesos. Si ganas otro podrás comprarte una. --No. Gané yo. Cómpramela. --Vete a la tienda es más barata.

Se enciende una luz sobre su cabeza y Filiberto va al bar donde la hija de Yolanda le vende la cerveza por diez pesos. Sin embargo, no quiere jugar a dominó a menos de que acepte ella una condición: si pierde tiene que pasar la noche con él.

--Así que crees que soy puta, --se ríe-- realmente estoy ofendida.

Ella se levanta y va a una mesa cerca del tablado.

Yolanda, acompañada por Norberto en la batería, toca la guitarra y canta boleros románticos de los años 50 de Álvaro Carrillo. No son de su repertorio estandard de cumbia y rancheros; ella está en un humor tranquilo.

Normalmente actúa según el público, pero esta noche Yolanda no tiene mucho con que trabajar. En una mesa hay dos mujeres y un hombre; en otra hay dos hombres. El grupo de tres parecen ser una pareja y la hermana de la esposa; tendrán más o menos 30 años. Quietos, vestidos en un estilo conservador, no son de fiesta, cada uno tomando sólo una cerveza. Los dos hombres son un poco mayor, uno bien redondo, el otro delgado pero con el físico de un ciclista profesional; no son por nada guapos.

Las personas ordinarias, poco atractivas, se destacan o son invisibles en este pueblo donde casi todos los lugares con música se llenan de surfeadores y de sus chicas: gente hermosa con estilo. Puede ser que a Yolanda no le guste, pero Francine sabe que como gringa trae algo del color local a su club. Aun con su 56 años tiene el aura sensual del exótico. Los hombres quieren bailar con ella. Más tarde cuando Yolanda pone una CD de salsa, el tipo atlético le invita a bailar, pero él baila mucho mejor que ella y por eso ella para después de un rato.

Cae la lluvia fuerte pero silenciosamente sobre las hojas mojadas de la palapa. Se siente acogedor. Pasa una hora y ya no hay show. El grupo de tres se marcha.

Yolanda se sienta con los dos hombres y llama a Francine que se junte con ellos. Juegan al dominó. Francine gana cuatro partidos seguidos. Los hombres son contadores, casados con hijos. Son galantes y divertidos y toman mucha cerveza. Yolanda toma mezcal y Francince mezcal y cerveza. Por las 3,30 de la madrugada, ha ganado Francine 8 partidos, Yolanda 7, y sus compañeros 5 y 4.

Los contadores estudian inglés. Javier, el atleta, quien es nativo del Distrito Federal, dice que no entiende por qué los mexicanos deben aprenderlo. Son los norteamericanos que viven en México quienes deben aprender español. Santino, quien es de la región, responde que es bueno para el negocio. Es un tema viejo entre ellos, y Francine les da la razón a los dos.

--Es una verdadera lástima que los norteamericanos no aprendan español, pero no hay nada mal de aprender inglés para ganar más dinero, --ella opina.

--Los mexicanos tienen más sexo que los norteamericanos, --dice Javier.

--Sí, --coincide Francine-- es porque tienen otras formas en que expresarse como hombre. Les gusta competir entre ellos por el dinero, el poder, las posesiones. Es otra clase de placer.

--Cuál es más importante la técnica o el tamaño? --Parece que a Javier no le interesa la sociología.

--La técnica, por supuesto, --contesta Francine, por alivio de todos-- al menos que sea muy pequeño.

--Al final, siempre es la mujer quien decide --continua Javier.

Quieren saber cuantos años tienen las dos mujeres, y no se asombran cuando les dicen.

--Es mejor desarrugar que romper, --les dice Javier.

--Gallina vieja hace buen caldo, --responde Yolanda, y se levanta para salir. --Quédense. Sigan hablando de sexo.

Francine también quiere irse, pero los hombres insisten en invitarle otro mezcal. Se queda; sería descortés negarles.

Como ha marchado Yolanda, empiezan a hablar de la política. El hombre de la capital cree que sus derechos han sido infringidos por los maestros y sus aliados que han ocupado el centro histórico de Oaxaca y han parado el turismo. Francine defiende a los militantes. El turismo sólo es el motor económico de las pocas personas quienes ganan de eso, ella argumenta. No ayuda a la mayoría de los tres millones de habitantes del estado.

--Escúchala. Tiene razón, --Santino le dice a su amigo.

Ha dejado de llover. Son las cuatro cuando Francine sube a su coche. A pesar del mezcal, se siente segura. A esta hora tiene la carretera a sí misma.

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VERACRUZ DANZÓN
 
   

 

Barbara Joan Schaffer

CLASE DE BAILE

Ahora le toca a ella hacer el papel de maestra de inglés particular a dos hermanos, un chico de doce años y una chica de dieciséis. No es disímil del progreso de Julieta al ama de Julieta o de Ofelia a Gertrudis.

La primera clase siempre es mentira: los malabaristas, la música dulce del laúd. Los estudiantes están desarmados por el juego de Binglés (práctica de pronunciación) y “Simon says” (vocabulario). Finalmente, abren los libros para la lectura y la gramática. Es mucho trabajo para ella, mucha preparación. Ella cree que ganaría más con un grupo - no acepta más de dos alumnos por clase - pero luego piensa en el dinámico de grupo: la representación de papeles, el soñar despierto, los preferidos del maestro, los recuerdos de clases de baile y de hebreo. El hecho de que no aprendió el fox trot o más hebreo que el alfabeto no quiere decir que se arrepienta de las horas pasadas desarrollando la imaginación en la compañía de sus pares, pero debería haber sido triste para los maestros.

El problema con desarrollar la mente en vez de aprender a tocar el piano, patinar en hielo, o golpear una pelota de tenis, (su madre la llevaba a todas estas clases que ni quería ni resistía) es que te conduce a una confianza intelectual que sólo te lleva a un grado y no más allá. Una discusión en la radio sobre la teoria de cuerdas: un físico sugiere que puede ser una montaña en la sierra sin ser la que te llegue al ápice de la sabiduría. Ella acaba de leer “El leopardo” de Giuseppe di Lampedusa y está de humor pesimista.

PLAYA PRINCIPAL, PUERTO ESCONDIDO

La trayectoría del día tiene que ser más que la lucha con el calor y la torpeza bienvendia de la larga siesta. Tener una naturaleza apasionada significa soportar el rónron de fondo de la frustración. La trayectoría del día debe alcanzar su arco en el abrazo del amado, pero a su pasión le falta objeto o meta. Cuando dices que estabas engañado, significa que alguien te llevó al desierto y allí te abandonó. Significa encontrar el camino de regreso adonde empezaste con ampollas en los pies metafóricos. Las ampollas se curan y, como es el único que conoces, recuerdas el sendero.

DANZÓN, VERACRUZ

En una fiesta bailó lento apretada a su pareja y sintió caérsele la piel, y el hombre, a quien no conoció y que tendría quince años menos que ella, le murmuró, “Eres una chica maravillosa.” La piel se le cayó, como la piel de una víbora, y ella estaba suave, gelatinosa, dócil. Ahora tienen este secreto, ella y el hombre a quien le ve a veces por la calle. Pero no es secreto, ha sido comentado por algunas personas que los habían visto.

DANZÓN, VERACRUZ 2005

Hace años en un pequeño club mexicano en San Francisco que era famos por el baile, ella había oberservado a una mujer en la mesa a su lado. Tendría 40 años, era un poco gorda, muy maquillada, un poco deprimida o desesperada, acompañada por su hermana o una amiga y el esposo de su compañera. De vez en cuando un hombre le pediría un baile y luego devolverla a su asiento. Un hombre bailó con ella por mucho tiempo. Con los ojos cerrados, la tomó muy fuerte; las caderas se mudaron al mismo ritmo. No fue un baile erótico sino un cortejo. Hubo un hombre necesitado y una mujer dispuesta a satisfacerlo. Parecía terriblamente romántico. Después la trajo a la mesa y se fue a la calle. La humiliación; con tal facilidad se dejó estar arrestrada y descartada. El grupo se marchó poco después. Sería julio; ella estaba con dos hombres y una mujer, todos maestros de la escuela de verano, todos buscando un buen tiempo sin cubierto. Por supuesto, no lo encontraron.

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